Valentía

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—¿Quién? ¿Qué está en la recepción me dices? Pero esta señora, ¿por qué no me avisa? Hazla pasar por favor, de inmediato. —Luis se levanta de su silla y se acerca a la puerta del despacho.

—Hola Luisito, qué bueno conseguirte con tiempo para atenderme —dice alegremente mientras abraza y besa a Luis.

—Luis, tía, Luis, que ya tengo 45 años.

—Sí, y sigues siendo bastante seco, pero te quiero igual —responde mientras toma asiento frente al escritorio que domina la habitación. Se nota que ésta fue su oficina durante 20 años.

—Cuéntame tía Raquel, ¿qué te trae por aquí?

—Un asunto personal Luisito, pero antes de hablarte de ello, ponme al día ¿Cómo te está yendo en el cargo?

Luis se dispone a responder intentando disimular la irritación que le causa el apelativo que Raquel sigue usando con él. Sea como sea, también la quiere mucho.

—Tía, pues las cosas han cambiado mucho en los últimos cuatro años. La tecnología y los medios son ahora bastante diferentes a cuando tú estabas a cargo de la dirección de operaciones. Hay mucho más estrés ahora, ya no son los años maravillosos de antaño. Para facturar el mismo volumen necesitamos ahora servir más pedidos y con mayores exigencias.

— Pero eso no debería ser un problema, me has dicho que tienes nueva tecnología. Estoy segura de que con buen criterio se habrán seleccionado los recursos más apropiados para fabricar la cantidad de pedidos de los que hablas —apunta Raquel, ya transformada en la gerente que nunca ha dejado de ser.

—No son las máquinas, el problema son las personas —dice Luis.

—¿Cómo que las personas? —dice Raquel alarmada.

—Sí tía Raquel, la de ahora no es como la gente que tenías tú en tu equipo. Lástima que se hayan jubilado. Ese sí que era un equipo en el que se podía confiar.

—¡Un momento! Luis, ¿Me estás diciendo que no puedes confiar en tu actual equipo? —La desaparición del cariñoso “Luisito” es indicativo de la gravedad que Raquel asigna al asunto.

—“Eeeh” bueno Sí, no confío en nadie. No puedo ser un ingenuo que cree que la gente va a ser responsable — contesta Luis bajando la voz.

— Mira Luis, voy a hacerte unas preguntas y quiero que me contestes con absoluta sinceridad.

— Por supuesto tía, adelante. —Luis está un poco sorprendido por la reacción de Raquel y lo que siente ahora es una mezcla de angustia con curiosidad.

—¿Fuiste tú quien decidió contratar a las personas de tu equipo?

—Sí. 

— Eso es bueno —concede Raquel.

—¿Conoces si los intereses personales de cada miembro de tu equipo están alineados con los tuyos?

—Pues no, no me lo he preguntado. 

— Averígualo —dice Raquel mientras golpea suavemente con la palma de su mano la superficie del escritorio—. No vas a ninguna parte si no tienes intereses en línea con los de tu equipo. La gente hará mejor las cosas que les interesan y sin necesidad de presión alguna. Elige a esos. No trabajes con quienes no tengan intereses compatibles con los tuyos, tendrás que estar empujándolos todo el tiempo y eso es agotador e improductivo.

—Por último, tenemos un ERP muy poderoso en la empresa ¿no? —pregunta Raquel de forma retórica.

—Sí, uno de los mejores.

—Pues úsalo para lo que sirve. Diseña con tu equipo los procesos necesarios e implántalos en el ERP, crea los indicadores y vistas que permitan supervisar en tiempo real el buen funcionamiento de cada proceso, forma concienzudamente a cada colaborador y ahora confía en ellos. Confiar no es cosa de ingenuos, es cosa de valientes que están de acuerdo en llegar lejos.

—Ese equipo de gente del que tan bien hablabas hace unos minutos no apareció por casualidad. Ese equipo lo creé yo. Esa es también tu misión Luis. Crear un equipo propio y tener confianza mutua. Si no, habrás fracasado como líder y como director. ¿Está claro? 

—Sí tía, no lo había visto así. Seguiré tus consejos. Me siento afortunado de tenerte cerca. ¿Podré consultarte cuando lo necesite?

—Por supuesto Luis, pero recuerda que ya estoy jubilada —aunque me domina la pasión por liderar, piensa mientras sonríe.

—Bien. Ahora a lo que vine. Te espero en casa el próximo sábado para mi septuagésimo cumpleaños. Estarán los de siempre y alguno de los del equipo que trabajó conmigo en esta empresa.

—Luisito, confío en ti. Sé que no me vas a fallar.

¿Quieres conocer cómo sacar de tu ERP la mayor utilidad tú también? Contáctame y hablemos de cómo lograrlo.

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